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¿Cambia la concentración con la edad? El propósito del experimento SART

¿A veces damos por hecho que “la concentración disminuye con la edad”? Cuando pasamos muchas horas estudiando o trabajando, puede que nos sorprenda pensar: “Siento que podía concentrarme mejor cuando era más joven”. Especialmente al preparar exámenes de certificación o al enfrentarnos a tareas que requieren una atención minuciosa, es natural preocuparse por si la duración de nuestra concentración está siendo influida por la edad.

Es bien sabido que la fuerza física tiende a disminuir con el paso del tiempo. Por eso, es fácil suponer que la concentración se debilita de la misma manera. Pero ¿está realmente respaldada por la evidencia científica la ecuación “edad = menos concentración”? ¿La concentración es simplemente una cuestión de resistencia? ¿O podría estar determinada por factores más complejos, como la fatiga, la estrategia, la motivación o el estado momentáneo de cada persona?

Un estudio reciente examinó a un amplio grupo de adultos—desde los 18 años hasta personas de más de 80—mediante un experimento en línea diseñado para medir la atención sostenida. La edad se trató como una variable continua, y los investigadores analizaron con detalle la precisión durante la tarea, el tiempo de reacción e incluso los cambios en la fatiga subjetiva. Los resultados fueron algo diferentes de lo que muchas personas esperarían. La relación entre la edad y la concentración quizá no pueda explicarse con una narrativa simple de “declive”.

En este artículo, revisaremos paso a paso los hallazgos de este experimento de la Tarea de Atención Sostenida a la Respuesta (SART) y exploraremos la relación entre edad, fatiga y rendimiento. Dejemos a un lado las suposiciones por un momento y observemos con calma lo que los datos realmente revelan sobre la verdadera naturaleza de la concentración.

¿Qué es el experimento SART? Panorama general de una prueba psicológica que mide atención y fatiga

Este estudio, publicado en 2024, incluyó a 115 adultos con edades comprendidas entre los 18 y los 81 años. Una característica destacada es que el experimento se llevó a cabo en línea, en lugar de realizarse en un laboratorio. Este enfoque permitió reclutar una muestra relativamente equilibrada a lo largo de un amplio rango de edades.

En primer lugar, los participantes completaron un cuestionario para medir la fatiga rasgo (trait fatigue), es decir, su tendencia a largo plazo a sentirse fatigados. Esta evaluación capta una característica personal relativamente estable: en esencia, “¿con qué facilidad tiendes a sentirte cansado en la vida cotidiana?”. También informaron sobre su fatiga estado (state fatigue), es decir, cuán fatigados se sentían en ese momento específico justo antes de comenzar la tarea.

La tarea principal fue la Tarea de Atención Sostenida a la Respuesta (SART, por sus siglas en inglés), una medida ampliamente utilizada de la atención sostenida. En esta prueba, aparecen números rápidamente en la pantalla y los participantes deben responder con rapidez a cada uno—excepto a un número específico, ante el cual deben inhibir su respuesta. Aunque la tarea parece sencilla, está diseñada para evaluar la capacidad de mantener la atención de forma constante a lo largo del tiempo.

Los investigadores analizaron cuidadosamente la precisión durante la tarea—en particular el desempeño en los ensayos que requerían inhibición de la respuesta—además de los cambios en el tiempo de reacción. Después de completar la tarea, los participantes volvieron a informar sobre su fatiga estado, lo que permitió examinar cuánto había cambiado la fatiga como resultado de la propia tarea.

En otras palabras, este estudio examinó simultáneamente:

Edad
Tendencia a la fatiga a largo plazo (fatiga rasgo)
Fatiga subjetiva momentánea (fatiga estado)
Rendimiento real en la tarea

Al analizar estos factores en conjunto, el estudio ofrece una respuesta más matizada a la pregunta: ¿La concentración está determinada únicamente por la edad?

¿Están los adultos mayores en desventaja en cuanto a la concentración? Resultados del experimento SART

El análisis reveló un patrón sorprendente: una mayor edad se asoció con mejor precisión en la tarea SART. Especialmente relevante fue el desempeño en los llamados ensayos no-go, en los que los participantes debían inhibir su respuesta. En estos casos, responder de manera impulsiva conduce a un error. Es decir, esta parte de la tarea mide específicamente la capacidad de mantener la atención mientras se ejerce un control inhibitorio adecuado.

Muchas personas tienden a asumir que “los jóvenes deben tener mejor concentración”. Sin embargo, los datos de este estudio mostraron una tendencia a que la precisión aumentara con la edad. Este hallazgo cuestiona la idea común de que el envejecimiento conduce automáticamente a un simple declive en la capacidad de concentración.

¿Por qué pudo haber surgido este patrón? Los investigadores proponen varias posibles explicaciones. Una es que los participantes de mayor edad podrían adoptar una estrategia más cautelosa y orientada a la precisión. Mientras que los jóvenes podrían priorizar la rapidez, los adultos mayores quizá elijan conscientemente evitar errores, incluso si eso implica responder más lentamente.

Otra posibilidad tiene que ver con diferencias en la motivación o en la forma de involucrarse con la tarea. Aun realizando la misma actividad, personas de distintas edades pueden abordarla de manera diferente. La concentración no es simplemente una capacidad fija; también puede verse influida por la estrategia, la actitud y la forma en que cada persona decide enfrentarse a la tarea.

Estos resultados cuestionan de manera sutil la creencia intuitiva de que “la concentración es un privilegio de la juventud”. Al menos en este conjunto de datos, el rendimiento no pudo explicarse únicamente por la edad.

¿Las personas que se cansan fácilmente sufren mayores caídas en la concentración? Hallazgos sorprendentes sobre la fatiga rasgo

En este punto, surge otro resultado intrigante.

Los investigadores compararon la tendencia a la fatiga a largo plazo de los participantes (fatiga rasgo) con la cantidad de aumento de fatiga provocada por la tarea. Intuitivamente, podría esperarse que las personas que suelen fatigarse con facilidad experimentaran incrementos aún mayores de fatiga durante la tarea. Sin embargo, los datos apuntaron en una dirección diferente.

De hecho, los participantes con niveles más altos de fatiga rasgo tendieron a mostrar aumentos más pequeños de fatiga durante la tarea. En otras palabras, quienes normalmente informan sentirse más fatigados no experimentaron un empeoramiento dramático de la fatiga como consecuencia de la actividad.

Los investigadores sugieren la posibilidad de un “efecto techo”. Si el nivel basal de fatiga de una persona ya es alto, puede haber menos margen para que aumente aún más. Otra posibilidad es que quienes viven con fatiga crónica hayan desarrollado estrategias adaptativas para enfrentarse a tareas monótonas como el SART.

Estos hallazgos tienen implicaciones importantes. La suposición simple de que “las personas que se cansan fácilmente inevitablemente empeorarán” no parece sostenerse. La fatiga no se acumula de manera puramente unidireccional; el grado de cambio puede depender del nivel basal y del punto de referencia de cada individuo.

Cuando hablamos de concentración y fatiga, a menudo caemos en un pensamiento binario—fuerte o débil, alto o bajo. En realidad, la fatiga es un fenómeno dinámico y relativo.

¿Está la concentración determinada por la edad? Lo que realmente importa es tu estado actual

Un hallazgo claro del estudio es que la edad en sí misma no reduce automáticamente la concentración. De hecho, en este experimento, los participantes de mayor edad tendieron a realizar la tarea con mayor precisión. Esto cuestiona la suposición intuitiva de que “juventud = mejor concentración” e invita a reconsiderar esa creencia común.

Lo que mostró una relación más fuerte con la concentración fue la fatiga momentánea—la fatiga estado. Los participantes que experimentaron mayores aumentos de fatiga durante la tarea también mostraron mayores descensos en el rendimiento. Esto sugiere que la concentración no es una capacidad fija, sino una facultad dinámica que está fuertemente influida por la condición inmediata de la persona.

Además, el estudio arrojó un resultado algo paradójico: las personas con una tendencia a largo plazo hacia la fatiga no necesariamente mostraron un mayor deterioro. La fatiga no parece seguir una regla lineal simple en la que “más fatiga siempre implica peores resultados”. Más bien, la forma en que cambia depende del nivel basal y de las características individuales.

En conjunto, el estudio sugiere que, al hablar de concentración, lo que importa más que la edad cronológica es el estado presente. La concentración no es algo determinado de forma permanente desde el nacimiento; cambia según la estrategia, la actitud y la condición actual.

No hay necesidad de limitar el propio potencial por la edad. Más bien, gestionar y optimizar el propio estado puede ser la verdadera clave para mantener la concentración.

Referencia

Hanzal, S., Learmonth, G., Thut, G., & Harvey, M. (2024). Probing sustained attention and fatigue across the lifespan. PLOS ONE, 19(7), e0292695.
https://doi.org/10.1371/journal.pone.0292695