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¿Dejar las redes sociales te hace más feliz?

¿Alguna vez has sentido que alejarte de las redes sociales podría hacerte sentir más ligero? ¿Que poner un poco de distancia entre tú y tu smartphone podría traer un estado mental más tranquilo? En los últimos años, términos como desintoxicación digital y “dejar las redes sociales” se han difundido ampliamente, y la idea de que reducir el uso de redes sociales puede mejorar la salud mental se ha vuelto cada vez más común. Aunque las redes sociales ofrecen experiencias positivas —como acceso a información, conexión con otras personas, empatía y validación— también se ha señalado que pueden fomentar la comparación social, generar ansiedad y provocar el llamado “miedo a perderse algo” (FoMO). Por ello, la opción de “probar dejarlo por un tiempo” puede resultar atractiva.

Al mismo tiempo, el uso excesivo de las redes sociales a veces se describe como una “adicción”, y algunas personas pueden preguntarse: “¿Dejarlo me hará sentir peor?” o “¿Podría experimentar algo parecido a síntomas de abstinencia?” Si las redes sociales realmente tuvieran propiedades adictivas, restringir su uso durante un cierto período debería provocar fuertes deseos (craving) y un aumento de emociones negativas. Pero, ¿se han observado realmente tales cambios?

Para responder a estas preguntas, un estudio experimental restringió de manera significativa el uso de redes sociales de los participantes durante una semana y midió cuidadosamente los cambios emocionales diarios durante ese período, incluyendo incluso niveles sutiles e inconscientes de deseo. En este artículo, utilizaremos esos datos como punto de partida para examinar con calma, desde una perspectiva científica, si dejar las redes sociales es realmente una solución definitiva.

Un experimento de restricción de redes sociales durante una semana

En este estudio, se pidió a adultos jóvenes que restringieran significativamente su uso de redes sociales durante una semana, y se siguieron cuidadosamente los cambios psicológicos y conductuales que ocurrieron durante ese período. Lo importante es que los investigadores no se limitaron a preguntar una sola vez: “¿Cómo te sentiste después de dejarlo?” En cambio, adoptaron un método que registraba repetidamente las emociones en el contexto de la vida cotidiana. Los participantes informaron sobre su estado de ánimo y sus niveles de deseo varias veces al día. Este enfoque, conocido como Evaluación Ecológica Momentánea (EMA, por sus siglas en inglés), tiene como objetivo captar las fluctuaciones emocionales naturales tal como ocurren fuera del laboratorio, preservando en la medida de lo posible la realidad de la experiencia diaria.

Otra característica distintiva de este estudio es que no se basó únicamente en informes subjetivos. Cuando se restringió el uso de redes sociales, los investigadores no se centraron solo en impresiones conscientes como “Siento que me estoy conteniendo”. También midieron cambios en la motivación a nivel inconsciente. Por ejemplo, evaluaron qué tan fuerte era la tendencia automática de los participantes a acercarse a los íconos de redes sociales (sesgo de aproximación), cómo estimaban el paso del tiempo mientras realizaban tareas (distorsiones en la percepción del tiempo) y cuánto esfuerzo estaban dispuestos a realizar para obtener acceso a las redes sociales. Estos indicadores conductuales proporcionaron capas adicionales de evidencia más allá de la simple autoevaluación.

De este modo, el estudio examinó los efectos de la restricción de redes sociales en múltiples niveles: la emoción (cómo se sentían los participantes), el deseo consciente (si querían usarlas) y la motivación inconsciente (cómo respondían sus cuerpos y comportamientos). En otras palabras, en lugar de basarse en impresiones o suposiciones, los investigadores intentaron responder a la pregunta “¿Dejarlo te hace sufrir?” utilizando evidencia multidimensional que incluía datos conductuales observables.

Entonces, ¿qué ocurrió realmente con estas medidas después de una semana de restricción del uso de redes sociales?

Sin síntomas de abstinencia — Cuestionando el “modelo de adicción”

Entonces, cuando el uso de redes sociales se restringió durante una semana, ¿experimentaron los participantes reacciones comparables a los llamados “síntomas de abstinencia”? Si las redes sociales funcionaran de manera similar a la dependencia de sustancias, dejar de usarlas debería provocar un aumento notable del deseo (craving) y un incremento de emociones negativas. Sin embargo, los hallazgos de este estudio fueron algo diferentes a esa expectativa.

En primer lugar, entre los participantes que restringieron su uso de redes sociales no se observó un aumento claro de emociones negativas. No hubo un incremento marcado de ansiedad ni de irritabilidad. Más importante aún, el deseo por las redes sociales en sí mismo no aumentó de manera significativa. Los participantes no informaron un fuerte incremento en la sensación consciente de “realmente necesito usarlo”.

Además, no se observaron cambios importantes a nivel inconsciente. Medidas como el sesgo de aproximación hacia estímulos relacionados con las redes sociales (la tendencia automática a acercarse a ellos) y los indicadores conductuales que reflejaban el esfuerzo que los participantes estaban dispuestos a realizar para acceder a las redes sociales no mostraron aumentos significativos durante el período de restricción. En otras palabras, ni a nivel consciente ni inconsciente surgieron reacciones equivalentes a “síntomas de abstinencia”.

Cabe destacar que se observó un patrón similar incluso entre los participantes que originalmente presentaban niveles más altos de uso de redes sociales, incluidos aquellos con tendencias hacia un uso problemático. Reducir su uso no generó un malestar inusualmente fuerte ni impulsos compulsivos intensos.

En conjunto, estos resultados sugieren que, al menos durante una restricción a corto plazo de una semana, las redes sociales no parecen desencadenar respuestas de abstinencia comparables a las asociadas con sustancias. Pero entonces, ¿reducir el uso de redes sociales conduce a cambios positivos? ¿O podría haber ocurrido un tipo diferente de transformación?

Pero tampoco aumentó la felicidad — El “efecto de compensación emocional”

Entonces, ¿restringir el uso de redes sociales durante una semana condujo a una mejora sustancial del estado de ánimo? Si las emociones negativas no aumentaron, podría suponerse que la felicidad creció en su lugar. Sin embargo, los resultados fueron más complejos.

Durante el período de restricción, los investigadores observaron una ligera disminución de las emociones negativas. Sentimientos como la ansiedad y la tristeza se volvieron algo más leves. Al mismo tiempo, sin embargo, las emociones positivas también mostraron una tendencia a disminuir. Sensaciones de disfrute y vitalidad se redujeron ligeramente.

Este patrón sugiere que las redes sociales no generan simplemente “efectos negativos”. También ofrecen recompensas sociales, como la conexión con otras personas y experiencias de reconocimiento o validación. Las reacciones y expresiones de empatía ante las publicaciones pueden realmente elevar el estado de ánimo. Al mismo tiempo, la comparación social y la sobrecarga de información pueden actuar como factores de estrés.

Como resultado, cuando se restringe el uso de redes sociales, pueden disminuir los estímulos negativos — pero también disminuyen los estímulos positivos. En otras palabras, el rango emocional general se vuelve algo más estrecho. Esto es lo que el estudio describe como un “efecto de compensación emocional”.

Estos hallazgos indican que la fórmula simple “dejar las redes sociales te hará más feliz” no necesariamente se cumple. Las redes sociales pueden no ser ni un veneno ni una solución milagrosa, sino algo que mueve nuestras emociones en ambas direcciones.

Entonces, cuando los participantes retomaron su uso habitual, ¿ocurrieron cambios similares a un efecto rebote?

¿Existe un efecto rebote? La posibilidad del comportamiento compensatorio

Después de restringir el uso de redes sociales y luego volver a la vida habitual, ¿se produjeron cambios similares a un efecto rebote? Si el uso de redes sociales fuera realmente adictivo, cabría esperar un “efecto rebote”, en el que el uso aumente de forma drástica tras un período de abstinencia.

Sin embargo, este estudio no encontró evidencia clara de un aumento brusco del uso de redes sociales después de que terminó el período de restricción. Aunque los niveles de uso se recuperaron en cierta medida, no superaron significativamente los niveles previos a la restricción. Esto sugiere que, al menos a corto plazo, limitar el uso no conduce automáticamente a un sobreuso inmediato.

Al mismo tiempo, se observó un cambio interesante. Mientras limitaban las redes sociales, algunos participantes mostraron un aumento en el tiempo dedicado a los videojuegos digitales. En otras palabras, reducir el uso de redes sociales pudo haberlos llevado a redirigir su tiempo hacia otras actividades digitales. Este fenómeno a veces se denomina comportamiento compensatorio: cuando suprimir una conducta conduce al aumento de otra conducta que proporciona una estimulación similar.

Este punto es importante. Dejar las redes sociales no significa necesariamente una “liberación” inmediata del entorno digital. Si el uso simplemente se desplaza de las redes sociales a otras aplicaciones o actividades, la estructura general del tiempo frente a la pantalla puede no cambiar de manera fundamental.

Estos hallazgos sugieren que la cuestión no es simplemente “dejarlo o no dejarlo”. Una elección binaria puede ser insuficiente para explicar completamente cómo nos relacionamos con la tecnología digital. Entonces, ¿qué deberíamos extraer de este estudio y cómo deberíamos interpretar sus implicaciones?

Las redes sociales no son ni un “veneno” ni una “solución milagrosa”

Si organizamos los hallazgos hasta ahora, una restricción de una semana en el uso de redes sociales no produjo cambios dramáticos en nuestro estado mental. No se observaron síntomas fuertes de abstinencia y el deseo (craving) no aumentó de manera significativa. Al mismo tiempo, tampoco se encontró un efecto simple que mostrara un aumento sustancial de la felicidad.

Lo que surgió en cambio fue un “efecto de compensación”, en el que tanto las emociones positivas como las negativas disminuyeron ligeramente. Las redes sociales ofrecen recompensas sociales como validación y conexión, pero también generan presiones como la comparación y la sobrecarga de información. Como resultado, reducir su uso puede disminuir los estímulos negativos — pero también puede reducir los estímulos positivos. En consecuencia, el rango general de fluctuación emocional puede volverse más estrecho.

Lo que este estudio sugiere es la dificultad de considerar las redes sociales únicamente como una “sustancia adictiva”. Al menos durante una restricción a corto plazo, no se observaron reacciones claras de abstinencia comparables a la dependencia de sustancias. Sin embargo, esto no significa que las redes sociales no tengan ningún impacto. Tal vez la pregunta más importante no sea si debemos dejarlas por completo, sino cómo los distintos patrones de uso influyen en nuestras experiencias emocionales.

Las redes sociales se han convertido en parte de la vida cotidiana. En lugar de etiquetarlas uniformemente como algo dañino o celebrarlas como una herramienta perfecta, reconocer con calma su naturaleza dual puede ser el punto de partida para replantear cómo nos relacionamos con la tecnología digital en el futuro.

Referencias

Wadsley, M., & Ihssen, N. (2023). Restricting social networking site use for one week produces varied effects on mood but does not increase explicit or implicit desires to use SNSs: Findings from an ecological momentary assessment study. PLOS ONE, 18(11), e0293467. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0293467